¿Cómo puedo recuperar la confianza en mí después de un período de abuso o violencia?

Las relaciones de abuso o violencia casi nunca empiezan mostrando agresividad desde el principio. A menudo hay un inicio bonito, que nos hace sentir bien y confiadas. Una de las principales estrategias de los abusadores es minar la autoestima. Así somos más fáciles de controlar y manipular, y nos quedamos en el lugar con menos resistencia. Con el tiempo, esto puede hacer que acabemos creyéndonos poco válidas, torpes, demasiado sensibles, exageradas… ¿Te suena? Es habitual, y no es culpa tuya.

Señales de desconexión conmigo misma

Cuando la confianza en una misma está herida, pueden aparecer situaciones como estas:

Dependencia para decidir

Cuesta mucho tomar decisiones sin que alguien más las valide.

Desconexión

Me siento desconectada: a veces como si viviera una película, y otras, desbordada por las emociones.

Falta de deseos propios

No sé qué me gusta o qué deseo, porque hace tiempo que nadie me lo pregunta (ni yo misma).

Dificultad para pedir ayuda

Me cuesta pedir ayuda, compañía o afecto.

Autoexigencia y dureza

Tengo una imagen dura de mí, me juzgo física y emocionalmente.

Ausencia de límites

No pongo límites por miedo a que las demás se enfaden.

Miedo al juicio externo

Siento que todo el mundo me mira, me juzga o piensa mal de mí.

Si te reconoces en alguna de estas frases, no eres la única. Son respuestas naturales después de haber vivido abuso.

¿Qué pasa con mi sistema nervioso?

Muchas veces has leído libros, escuchado pódcast o ido a terapia y has pensado: “La teoría me la sé, pero no consigo aplicarla”. Esto tiene una explicación: el sistema nervioso.

El cuerpo está diseñado para mantenerte viva ante cualquier circunstancia. Cuando hay mucho estrés, el cerebro se desconecta (esa sensación de que vives la vida como si no fuera tuya), o bien te mantiene en alerta constante.

Después de abusos continuados, el sistema nervioso se queda atrapado en este estado de alerta. Y cuando está así, no puede procesar información nueva ni introducir cambios. No es falta de voluntad: es una estrategia natural de supervivencia.

¿Cómo puedo calmar mi sistema nervioso?

Para introducir cambios, es necesario conseguir momentos de calma. No siempre, pero sí los suficientes para que el cuerpo entienda que hay seguridad. Algunas herramientas sencillas:
  • Respiración lenta y profunda: prueba a inspirar en 4 tiempos, contando hasta 4, retener el aire en 2 y exhalar en 4. Contar ayuda a distraer la mente.
  • Momentos de meditación o silencio consciente: no pretendas dejar la mente en blanco, simplemente párate y obsérvate.
  • Pasear por lugares agradables: fíjate en lo que ves y en los detalles de tu entorno.
  • Escuchar música: busca canciones que te emocionen o te relajen.
  • Hacer actividades que den placer: juega, prueba, descubre qué te gusta.
  • Contacto físico seguro y respetuoso: abrazos, caricias, masajes.
Recuerda: cada pequeña experiencia de calma es una semilla que tu sistema nervioso registra como seguridad.

¿Y cómo puedo entrenarlo para el cambio?

El cambio puede parecer desconocido e incluso dar más miedo que la violencia que ya habíamos normalizado. Por eso es necesario “entrenar” el cuerpo de manera gradual:
  • Juega, imagina, crea: como cuando inventábamos mundos con las muñecas. Crea en tu imaginario situaciones de calma y seguridad.
  • Llena los días de espacios seguros: momentos de risa y comunidad.
  • Áncora al corazón: cada instante en el que te sientas escuchada, reconocida, valorada.
  • Disfruta de la soledad tranquila: da importancia también a los momentos en los que te sientes bien estando sola y tranquila, es una gran forma de seguridad.
Espacios como Sorotopia (u otros entornos de comunidad y apoyo) son ideales para crear estos momentos de confianza y entrenamiento.

Paso a paso, con amabilidad

Los cambios vienen poco a poco. No te pongas prisa. Háblate de manera amable, con la misma ternura con la que hablarías a una amiga a la que quieres. Recuperar quién eres y lo que deseas es un viaje, y no hace falta hacerlo sola. Somos muchas las que queremos acompañarte.

Recuerda siempre.

No es que no puedas… es que todavía no puedes. Y eso está bien.
— Alícia Ribes, terapeuta física y emocional. Tallerista del grupo de Autoconocimiento.
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